De la nada apareces
rompiendo el silencio y las vidas de cuantos sufren tu furia.
Tal como vienes te vas,
pero la huella que dejas detrás, ni siquiera el tiempo logra borrar.
Remueves la tierra a tu
antojo y libertad jugando con ella y sin dejarla descansar.
Y, como la transformas
a tu gusto y comodidad, sin pensar que los que la habitan mueren en ella y los
que sobreviven se encuentran con una tierra inútil y vieja, que por mucho
esfuerzo que pongan en ella, muerta se queda.
Contigo todo es destrucción
y miseria. Deshaces casas, arrancas arboles, levantas el suelo y haces volar
todo “juguete” que se pone ante ti.
Tus violentos movimientos
giratorios siempre colgados de fantasmales y tétricas nubes, hacen de ti, el
más letal viento convirtiéndote además, en el fenómeno atmosférico más bello.
Muchos te persiguen
para fotografiarte, desafiando tu descontrolada furia, y ven llenos de admiración
como corres por las extensas llanuras, llegando hasta las ciudades y pueblos y aplastándolo
todo a tu encuentro.
A veces tienes compasión
y anuncias tu pronta llegada con un ruido ensordecedor o cambiando de color. Pero
cuando los colores no te delatan y te escondes en tu mundo invisible, solo son
los desechos que lanzas quienes te descubren, siendo ya tarde para esos
admiradores que te persiguen incansables y que solo encuentran la muerte sin
llegar bien a conocerte.
Y así eres y serás,
siempre de la nada aparecerás, destruyendo todo a tu paso, sin nada que te
pueda detener, pues eres la única Fuerza libre de la Naturaleza, y solo tú decides y decidirás: cuándo
desaparecer.
Liliana Castillo Girona


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