Hacia horas
que Toni paseaba bajo los extraños e inmortales árboles del bosque que le vio
crecer. Le encantaba perderse entre su rara belleza, observando a sus gruesos troncos,
negros como el ébano y elevados hacia el cielo, cuyas ramas adornadas de hojas
rojas como la sangre y doradas como el oro, poco dejaban entrever la luz del
sol. Los caminos que se abrían paso entre la profundidad de ese bosque
encantado, estaban cubiertos por una espesa, verde y fresca capa de hierba, solo
interrumpida por pequeños círculos de rebeldes flores azules y blancas que
crecían sin miedo, entre su espesor.
Como Toni llevaba
andando mucho tiempo admirando la misteriosa belleza del bosque, decidió
descansar al lado de uno de esos árboles y dormir un rato. Así que se agachó,
se apoyó sobre el grueso tronco negro y cerró los ojos. Solo se oía el dulce
canto de los pájaros y los ruidos de algunos animales que iban a buscar
alimento o simplemente regresaban a sus guaridas para tomarse el descanso del día.
Era ya
entrada la tarde cuando de repente se levantó asustado por un gran estruendo
que parecía venir del cielo. Junto a ese ruido ensordecedor hubo un gran
destello que deslumbró sus ojos. Asustado, pues pensaba que el cielo se
desplomaba sobre la tierra, se incorporó, y, salió corriendo en dirección al
pueblo para contar lo que había sucedido en el bosque encantado.
Mientras corría
aterrorizado un gran haz de luz le detuvo. Era de oro y muy brillante, él no
conseguía mirarlo directamente, le cegaba, así, que bajó la mirada protegiéndose
la cara con las manos cuando una voz salió a su encuentro.
-
Hola no te
asustes, no te voy a hacer ningún daño, dentro de poco podrás mirarme: dijo la
voz.
-
¿Quién
eres?: le preguntó Toni.
-
Soy el Sol.
Llevo ya incontables años observándoos y dándoos calor. No podía permanecer por
más tiempo en la inmensidad del Universo sin estar directamente rodeado por
estos magníficos y antiguos bosques, y todo lo que ellos encierran en su
interior.
-
Pero, ¿quién
nos dará luz y calor ahora que te has personificado en un ser humano?: preguntó
Toni.
-
Mira hacia
el cielo y veras que solo una pequeña parte de mi se ha convertido en humano. Y
ahora solo te pido un favor: respondió el sol.
-
Bien, ¿Cuál es?
-
Enséñame tu
mundo.
Y así fue. Cuando
en el pueblo vieron al Muchacho Sol, éstos se sorprendieron de su
extraordinaria belleza: su largo cabello relucía como el oro, brillante y
cegador, mientras que sus penetrantes y enormes ojos amarillos, contrastaban
con su piel dorada, tersa y cálida.
El Muchacho Sol
fue presentado a las gentes del pueblo, aunque siempre guiado por Toni quien le
acompañó durante días, mostrándole y enseñándole el mundo de los hombres. Así
transcurrió cierto tiempo, hasta que un desgraciado día el Diablo apareció.
Éste, no podía soportar que nadie excepto él tuviera poder en la tierra, así
que para arrojar fuera al Muchacho Sol, creó el dragón más terrible y poderoso,
lanzándolo contra las gentes del pueblo.
El dragón
escupía lenguas de fuego quemando todo a su paso, hasta que el Muchacho Sol le
hizo frente, pero el dragón consiguió secuestrarlo y lo encerró en la cárcel más
oscura y húmeda del interior de la tierra.
El tiempo
transcurría a gran velocidad y nadie se atrevía a desafiar al dragón para
liberar al Muchacho Sol.
Poco a poco
la tristeza y desolación se apoderaron de las gentes del pueblo y los bosques.
Los animales
siempre permanecían escondidos. Ya no se oía el dulce canto de los pájaros ni
sus revoloteos. Los mortecinos árboles del bosque encantado entraron en un
eterno invierno. Aquella espesa capa verde de hierba y flores azules y blancas dejó
de existir, para dar paso a los grandes hielos.
Los niños
temerosos y tristes olvidaron cómo jugar y reír, dejando vacías las calles del
pueblo, en las que tan solo se oía el rumor del paso del viento.
Aquella tierra
que antaño tanto fruto les dio, ahora solo podía ofrecerles las muertas piedras.
Toni quien más
cerca estuvo del Muchacho Sol, había crecido convirtiéndose en un hombre
extremadamente fuerte y sano. Al ver tanta muerte y desolación decidió batirse
en duelo contra el dragón.
Ambos lucharon
durante largos y aciagos meses, sin distinguir estación alguna, pues en aquel
momento solo existía una: el eterno invierno.
Hombre y
bestia cayeron aunque solo uno consiguió levantarse tras mucho tiempo, fue
Toni, que en un último intento levantó su espada clavándosela sin piedad en el corazón
de aquella endemoniada bestia, matándola.
Pero él
había quedado sin fuerzas y muy malherido. Aunque consiguió liberar al Muchacho
Sol, sabía que le quedaba poco tiempo de vida.
El Diablo
sorprendido por la victoria de Toni, decidió no molestar nunca más la aldea que
le venció, regresando a su inframundo.
Mientras que
Toni yacía en el suelo medio muerto, las gotas de su sangre aún caliente caían
sin tregua sobre la blanca nieve. Su alma tan pura y llena de amor hizo que de las
gotas rojas de sangre al fundirse con la nieve, nacieran flores, dando por
finalizado aquel eterno invierno.
Cuando su última
gota de sangre tocó la tierra, el bosque encantado resucitó y Toni desapareció.
Nunca más se
supo nada de su cuerpo. Algunos cuentan que sigue paseando, admirando la rara
belleza de aquellos inmensos arboles del bosque encantado, mientras otros
cuentan, que se convirtió en flor. Lo que sí es seguro es que el invierno no volvió
a hacer nunca más, su aparición.
Liliana Castillo Girona
(Basado en una leyenda del Martisor: Moldavia)

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada
Aquí pots deixar el teu comentari.