dissabte, 9 de març del 2013

EL MUCHACHO SOL (Basado en una leyenda del Martisor: Moldavia)


Hacia horas que Toni paseaba bajo los extraños e inmortales árboles del bosque que le vio crecer. Le encantaba perderse entre su rara belleza, observando a sus gruesos troncos, negros como el ébano y elevados hacia el cielo, cuyas ramas adornadas de hojas rojas como la sangre y doradas como el oro, poco dejaban entrever la luz del sol. Los caminos que se abrían paso entre la profundidad de ese bosque encantado, estaban cubiertos por una espesa, verde y fresca capa de hierba, solo interrumpida por pequeños círculos de rebeldes flores azules y blancas que crecían sin miedo, entre su espesor.
 
Como Toni llevaba andando mucho tiempo admirando la misteriosa belleza del bosque, decidió descansar al lado de uno de esos árboles y dormir un rato. Así que se agachó, se apoyó sobre el grueso tronco negro y cerró los ojos. Solo se oía el dulce canto de los pájaros y los ruidos de algunos animales que iban a buscar alimento o simplemente regresaban a sus guaridas para tomarse el descanso del día.
 
Era ya entrada la tarde cuando de repente se levantó asustado por un gran estruendo que parecía venir del cielo. Junto a ese ruido ensordecedor hubo un gran destello que deslumbró sus ojos. Asustado, pues pensaba que el cielo se desplomaba sobre la tierra, se incorporó, y, salió corriendo en dirección al pueblo para contar lo que había sucedido en el bosque encantado.
 
Mientras corría aterrorizado un gran haz de luz le detuvo. Era de oro y muy brillante, él no conseguía mirarlo directamente, le cegaba, así, que bajó la mirada protegiéndose la cara con las manos cuando una voz salió a su encuentro.
 
-          Hola no te asustes, no te voy a hacer ningún daño, dentro de poco podrás mirarme: dijo la voz.
-          ¿Quién eres?: le preguntó Toni.
-          Soy el Sol. Llevo ya incontables años observándoos y dándoos calor. No podía permanecer por más tiempo en la inmensidad del Universo sin estar directamente rodeado por estos magníficos y antiguos bosques, y todo lo que ellos encierran en su interior.
-          Pero, ¿quién nos dará luz y calor ahora que te has personificado en un ser humano?: preguntó Toni.
-          Mira hacia el cielo y veras que solo una pequeña parte de mi se ha convertido en humano. Y ahora solo te pido un favor: respondió el sol.
-          Bien, ¿Cuál es?
-          Enséñame tu mundo.
 
Y así fue. Cuando en el pueblo vieron al Muchacho Sol, éstos se sorprendieron de su extraordinaria belleza: su largo cabello relucía como el oro, brillante y cegador, mientras que sus penetrantes y enormes ojos amarillos, contrastaban con su piel dorada, tersa y cálida.
 
El Muchacho Sol fue presentado a las gentes del pueblo, aunque siempre guiado por Toni quien le acompañó durante días, mostrándole y enseñándole el mundo de los hombres. Así transcurrió cierto tiempo, hasta que un desgraciado día el Diablo apareció. Éste, no podía soportar que nadie excepto él tuviera poder en la tierra, así que para arrojar fuera al Muchacho Sol, creó el dragón más terrible y poderoso, lanzándolo contra las gentes del pueblo.
 
El dragón escupía lenguas de fuego quemando todo a su paso, hasta que el Muchacho Sol le hizo frente, pero el dragón consiguió secuestrarlo y lo encerró en la cárcel más oscura y húmeda del interior de la tierra.
 
El tiempo transcurría a gran velocidad y nadie se atrevía a desafiar al dragón para liberar al Muchacho Sol.
Poco a poco la tristeza y desolación se apoderaron de las gentes del pueblo y los bosques.
 
Los animales siempre permanecían escondidos. Ya no se oía el dulce canto de los pájaros ni sus revoloteos. Los mortecinos árboles del bosque encantado entraron en un eterno invierno. Aquella espesa capa verde de hierba y flores azules y blancas dejó de existir, para dar paso a los grandes hielos.
Los niños temerosos y tristes olvidaron cómo jugar y reír, dejando vacías las calles del pueblo, en las que tan solo se oía el rumor del paso del viento.
 
Aquella tierra que antaño tanto fruto les dio, ahora solo podía ofrecerles las muertas piedras.
 
Toni quien más cerca estuvo del Muchacho Sol, había crecido convirtiéndose en un hombre extremadamente fuerte y sano. Al ver tanta muerte y desolación decidió batirse en duelo contra el dragón.
 
Ambos lucharon durante largos y aciagos meses, sin distinguir estación alguna, pues en aquel momento solo existía una: el eterno invierno.
Hombre y bestia cayeron aunque solo uno consiguió levantarse tras mucho tiempo, fue Toni, que en un último intento levantó su espada clavándosela sin piedad en el corazón de aquella endemoniada bestia, matándola.
 
Pero él había quedado sin fuerzas y muy malherido. Aunque consiguió liberar al Muchacho Sol, sabía que le quedaba poco tiempo de vida.
El Diablo sorprendido por la victoria de Toni, decidió no molestar nunca más la aldea que le venció, regresando a su inframundo.
 
Mientras que Toni yacía en el suelo medio muerto, las gotas de su sangre aún caliente caían sin tregua sobre la blanca nieve. Su alma tan pura y llena de amor hizo que de las gotas rojas de sangre al fundirse con la nieve, nacieran flores, dando por finalizado aquel eterno invierno.
Cuando su última gota de sangre tocó la tierra, el bosque encantado resucitó y Toni desapareció.
 
Nunca más se supo nada de su cuerpo. Algunos cuentan que sigue paseando, admirando la rara belleza de aquellos inmensos arboles del bosque encantado, mientras otros cuentan, que se convirtió en flor. Lo que sí es seguro es que el invierno no volvió a hacer nunca más, su aparición.

 

Liliana Castillo Girona
(Basado en una leyenda del Martisor: Moldavia)

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