Vosotras, testigos de un pasado milenario,
imperecederas al inexorable avance del tiempo, eternas en todos los mundos de Universo
conocido, fuertes, de tonalidades y colores variados cuya forma siempre ha
esculpido el agua y el aire desde el inicio de los tiempos. . .
¿Cómo podemos llamaros?
Vosotras, siempre resistentes a los azotes y
castigos que la naturaleza ofrece a los hombres, les ayudáis en todo tipo de
construcciones, desde las más sencillas hasta las más extraordinarias obras. Aunque
a ellos les resulta muy fácil encontraros, pues hasta en los rincones más inhóspitos
y escondidos de este maravilloso mundo pueden hallaros, aún no saben cómo
llamaros.
Vosotras, que trabajáis sin nunca agotaros sois
capaces de adornar con vuestra gracia sobrenatural algunos planetas de nuestro
sistema solar, convirtiendo su espacio orbital en anillos que giran sin nunca
parar. A lo que nos preguntamos:
¿Cómo podemos llamaros?
Vosotras, guardáis en vuestro frio y duro interior
la sabiduría de todos los tiempos, pues testigos de innumerables sucesos habéis
siempre sido, ¡ay! si pudieseis hablar. . .
¿Qué le sucedería al mundo? . . .
En fin,
Vosotras sois lo único eterno que hay en la tierra y
planetas de Universo conocido, que
siempre permanecerá hasta la extinción de los mundos, porque con ellos habéis
nacido y será con ellos, cuando exhalaréis vuestro último aliento.
Liliana Castillo Girona
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