dissabte, 28 d’abril del 2012

VIS DIN LUP: Sueño de lobo

La humedad que inundaba mi cuerpo me despertó de un profundo sueño. Era extraño, el pelo y la piel estaban completamente empapados pero no sentía frio, me sacudí las gotas de lluvia, que, sin censar caían sobre un extraño pelaje dorado y tan espeso que hasta  transcurridos unos segundos del nuevo despertar, no me percaté que eran míos. El miedo y la incomprensión se apoderaron de mí unos instantes cuando comprobé que manos y pies se habían convertido en cuatro enormes y robustas patas.

(¿Que oscura magia se ha apoderado de mi cuerpo esta noche?)

No existía respuesta para tal difícil pregunta. De repente era yo pero convertida en lo que siempre había inútilmente deseado: un lobo.

Dispuesta a aprovechar esta experiencia me miré bien: mi cuerpo estaba cubierto por ese brillante y espeso pelo de color del oro que tan bien escondía mi alma humana, mi enorme estatura era perfectamente soportada por dos patas delanteras (mis antiguas manos) y dos más traseras (mis antiguos pies) de las cuales y escondidas entre el espeso pelaje, aparecían unas largas uñas negras afiladas como garras. Podría haber seguido contemplando mi nuevo cuerpo, pero un nuevo mundo se abría ante mí, sin límites ni fronteras que pudieran. . . ¿acaso detenerme?, así que decidí, emocionada. . .  empezar a correr.
Arañé el suelo con mis (ahora), patas delanteras y salté a la carrera. Atravesé bosques, prados, todo era distinto bajo mi cuerpo de lobo: mis oídos eran tremendamente agudos, podía oírlo todo, desde los conejos que, escondidos en sus madrigueras mantenían apasionados debates “mono tema”: el hombre,  hasta las inalcanzables aves, que por más alto volaran, no escapaban a mis más que afinados oídos.


Mis nuevos ojos se sorprendían con cada rincón del bosque que exploraba y un sinfín de olores asaltaban mis órganos interiores, que, entrando por la nariz llegaban a mi vacio estomago. (Cuando me sucedía esto comprendía que había llegado el momento de saciar esta horrible quemazón, que, al igual que el fuego, destruía mi interior), entonces me escondía silencioso sin hacer el menor ruido, hasta que aparecía ante mí la salvación (a veces eran ciervos pequeños, otras ardillas y otras animales domésticos quienes ya medio muertos, deseaban su  desaparición).

Una vez apagado ese fuego sentía mucha sed, así que buscaba un rio o lago de aguas tranquilas y cristalinas donde beber. Resultaba todo tan fácil, siendo humana no percibía el olor del agua y ahora ya convertida en la criatura más magnifica de la tierra, podía llegar a oler hasta las piedras.

Cuando me acercaba a beber, y mi imagen se reflejaba en el espejo de las aguas, era tal la admiración que sentía, que por unos instantes olvidaba el porqué, estaba allí. Las aguas siempre rebelaban unas orejas puntiagudas y muy firmes perfectamente simétricas de color dorado por fuera y algo blancas en su interior, los ojos ámbar, cambiaban según la luz del sol y la boca larga y fina cubierta de pelo blanco escondía unos inacabables y más que afilados colmillos, terminando todo en un hocico, negro como el ébano y más brillante que Venus.

(Ese lobo, era yo).

Era feliz, y solo me faltaba encontrar a algún compañero que quisiera viajar conmigo hasta la tierra más allá del bosque. Estaba lejos, muy lejos, pero convertida en lobo sabía que llegaría. Mi instinto no me engañaba, encontraría a esa tierra encantada.

Pasaban los días y seguía viajando solo, cazaba para alimentarme y descansaba por las noches o durante el día. No me importaba donde: no sentía dolor, no sentía frio, no sentía pena, solo a veces aquel fuego interior me avisaba que tenía que alimentarme. Era muy fuerte, cada día más y no recordaba los km de territorio que había ya explorado. Una noche la luna me pareció más hermosa de lo normal, era grande, redonda y tan plateada que solo le pude cantar. Sentado sobre mis patas traseras, elevé mi cabeza de lobo y aullé, aullé durante horas pues mi garganta era un pozo lleno de música a liberar. Así permanecí hasta la afonía.

La noche dio paso al día y me despertó entonces el canto de los pájaros que algunos sin temerme se acercaban a mí y me hacían cosquillas con sus diminutas patitas, mientras se paseaban por mi cuerpo. Me incorporé y entonces mis ojos de lobo se fijaron en una sombra lejana que avanzaba hacia mí, sin miedo alguno por lo que fuera, ni me moví.

Poco tiempo tuve que esperar hasta verle, era otro lobo e iba acompañado.

-¿Quién eres?: me pregunto

-Soy un viajante, me dirijo a la tierra más allá del bosque. ¿Queréis acompañarme?

-Es una tierra maldita, ¿Por qué quieres ir hacia allí?

-Porque la sangre que corre por mis venas pertenece a ella.

-¿Cómo te llamas?

-Simplemente Lup

-Bien Lup, puedes considerarte afortunado, pues el suelo que pisas, es el de la tierra que tanto anhelas encontrar.

-¿Entonces ya he llegado?

-Bun venit, Lup

Mientras me acercaba a ellos para compartir el resto de mis días, un sonido muy lejano y extraño me atacaba los oídos, intentaba seguirles, pero cada vez estaban más lejos, ¿Qué me ocurre?, pero, ¿Cómo es posible?, ¡no!, esperad, no os vayáis sin mí.

Les perdí. De pronto todo empezó a desvanecerse, la tierra temblaba bajo mis cuatro patas y no podía ya sostenerme, caía y caía sin freno hacia un profundo y oscuro agujero mientras perdía mi cuerpo de lobo.

Con lágrimas en los ojos desperté a un nuevo día, pero esta vez ya no tenía pelo, mi piel blanca completamente sudada y una asfixiante sed hicieron que me levantara.

Una vez más el sueño que se apoderaba siempre de mi por las noches, nuevamente me devolvía una piel y una vida que no deseaba. La humana.

Liliana Castillo Girona

2 comentaris:

  1. Está genial!!! Me ha encantado. Me encanta como narras, como describes al animal... todo.
    Hacía tiempo que no leía algo tan bonito.

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    1. gracias por tu mensaje. No se quien quieres ya que te has identificado como Anonimo

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